Cuando el Amor Deja de Llamarte por tu Nombre
A veces el amor vuelve como un nombre escrito en vapor. El espejo habló antes que ellos. No con voz. No hacía falta. La madrugada tiene esa forma rara de decir las cosas sin levantar la mano, sin pedir permiso, sin suavizar el golpe. Athea entró al baño cuando la casa todavía dormía. El vapor de la ducha seguía pegado al cristal como una neblina doméstica, de esas que duran poco pero alcanzan para revelar demasiado. Allí, escrito con un dedo torpe, apareció un nombre. Athea. No era una nota. No era una disculpa. Tampoco una declaración. Era apenas su nombre, trazado en una superficie que pronto volvería a quedar limpia, como si alguien hubiera ensayado una conversación y se hubiera arrepentido antes de abrir la boca. Ella se quedó quieta. Hay momentos pequeños que no parecen importantes para nadie, excepto para quien los vive. Una taza que se queda en el borde de la mesa. Una puerta que no se cierra del todo. Un nombre escrito en la niebla. Cosas así han cambiado más vidas que mu...