Ziven y la lista de pendientes que nunca termina
Ziven tachó una tarea a las 8:17 de la mañana. A las 8:19 había añadido cuatro. Se quedó mirando la libreta abierta sobre el escritorio, como si hubiera ocurrido allí una pequeña estafa que todavía no sabía explicar. La página estaba casi llena. Había llamadas, confirmaciones, fechas de entrega, dos correos que necesitaban respuesta y una nota escrita con tanta prisa que apenas podía descifrarla. De todas aquellas líneas, solo una estaba tachada. Ziven tomó el bolígrafo y añadió otra: Revisar entrega del jueves. Luego abrió el correo. La tranquilidad de tenerlo todo anotado Ziven coordinaba operaciones en una pequeña empresa de servicios técnicos, uno de esos lugares donde los días rara vez respetan el plan con el que comenzaron. Un proveedor se atrasaba. Un cliente cambiaba una fecha. Alguien necesitaba una pieza que supuestamente ya había llegado. Un técnico llamaba desde una instalación porque faltaba algo que, según otra persona, sí estaba allí. Ziven era bueno resolviendo esas cos...