El miedo sin nombre que vivía en la casa de Sira
A veces una palabra pequeña cambia la noche Sira despertó antes de que el mundo tuviera borde. Eran las 3:17 a.m. No sonó una alarma. No cayó un plato. Nadie tocó la puerta. Afuera, la calle seguía dormida con esa calma rara que tienen las ciudades cuando parecen contener la respiración. Y, aun así, algo la había levantado de golpe, como si una mano invisible hubiera pasado por debajo de su pecho y hubiera apretado. Se quedó quieta. Escuchó. Nada. Pero no era nada. Había un zumbido. No exactamente un sonido. Más bien una vibración fina, como cuando una nevera vieja trabaja en la cocina y uno se acostumbra tanto que deja de oírla. Solo que esta vez no venía de la cocina. No venía del pasillo. No venía de ningún aparato. Venía de un lugar que Sira no sabía señalar. Y eso, honestamente, era lo peor. Cuando todo está en silencio, pero algo insiste Se levantó despacio, sin encender la luz. Caminó hasta la ventana grande de la sala. Su apartamento tenía ventanales hermosos, de esos que en la...