Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta propósito de vida

La Silla Vacía Donde Ayron Esperó Demasiado

Imagen
La ausencia también puede convertirse en una respuesta Ayron llevaba años mirando una silla. No todos los días. No de manera literal, al menos no siempre. Pero la silla estaba ahí, en alguna parte de su pecho, frente a él, impecable, muda, esperando a una persona que nunca llegaba. A veces la veía en la cocina, mientras el café se enfriaba junto a una libreta llena de ideas sin fecha. Otras veces aparecía en la oficina, cuando el cursor parpadeaba sobre un correo que él no se atrevía a enviar. También estaba en sus conversaciones, sobre todo en esas pausas raras donde uno sabe lo que quiere decir, pero termina diciendo otra cosa para no incomodar. La silla tenía madera oscura, respaldo firme y una presencia casi solemne. Ayron la había reservado para alguien importante. Alguien que un día se sentaría allí, lo miraría con aprobación y le diría: “Ya puedes empezar”. Pero nadie se sentaba. La espera también tiene costumbre Hay personas que esperan por miedo. Otras esperan por prudencia. A...

Amalia y el cuaderno que nadie debía encontrar

Imagen
Algunos sueños no desaparecen; solo esperan superficie. Amalia había aprendido a pedir poco. No porque le faltaran palabras. Las tenía. Las ordenaba bien, como ordenaba las carpetas, los recibos, los turnos, las reuniones y hasta los silencios ajenos cuando una conversación se ponía incómoda. Lo que pasaba era otra cosa. En la oficina todos sabían que podían contar con ella. Si había que cerrar un informe antes del viernes, Amalia lo tenía listo el jueves. Si alguien olvidaba una cita, ella ya había enviado el recordatorio. Si la impresora se tragaba una hoja, si el café se acababa, si un cliente llamaba con tono de tormenta, Amalia aparecía con una solución limpia, discreta, casi sin hacer ruido. Su escritorio parecía respirar recto: lápices alineados, agenda sin tachones, taza blanca sin manchas, una planta pequeña que sobrevivía con la misma disciplina que ella. Solo el cajón de abajo tenía otra temperatura. Allí guardaba un cuaderno de tapas verdes, envuelto entre sobres viej...