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El Buenos Días que Teniel Nunca Supo Agradecer

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Teniel no notó el silencio el primer día. Eso fue lo más raro. Había pasado frente a la misma casa, a la misma hora, con el mismo café a medio cerrar en la mano y el celular vibrándole como un insecto nervioso en el bolsillo. La mañana tenía su ruido normal: una moto arrancando mal, una puerta metálica que se quejaba, un perro pequeño ladrando con complejo de guardián. Todo estaba en su sitio. O casi todo. Faltaba una voz. —Buenos días, Teniel. La voz de doña Clara. Pero él no la escuchó porque, honestamente, casi nunca la escuchaba de verdad. Le respondía, sí. Teniel era educado. Decía “buenos días” sin levantar mucho la mirada, como quien paga una moneda en una caseta invisible antes de seguir su camino. Era parte del trámite de salir al día. Y vaya que Teniel salía al día como si el día fuera una pelea. Cuando la rutina parece no decir nada Teniel tenía cuarenta y tantos, aunque algunas mañanas parecía cargar más años en los hombros. Trabajaba mucho, hablaba rápido, caminaba rápido ...

Vivir el presente: el café que Taisia dejó enfriar

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  La vida también ocurre mientras el café pierde su calor. El café todavía humeaba. Taisia no. Estaba sentada frente a la mesa de la cocina, con ambas manos alrededor de la taza, aunque no recordaba haber bebido el primer sorbo. Era martes. Un martes cualquiera, de esos que llegan sin ceremonia y parecen pedir disculpas por no ser viernes. Afuera, un camión descargaba cajas en la tienda de la esquina. Adentro, el refrigerador zumbaba con la fidelidad de un animal viejo. Nada anunciaba que aquella mañana guardaba una respuesta. Y, sin embargo, algo en Taisia había comenzado a ceder. No era tristeza. O no solo tristeza. Era cansancio de llegar tarde a su propia vida. Un desayuno solo y demasiadas voces La mesa tenía migas de pan, un plato con media tostada y el teléfono colocado boca abajo. Taisia lo había dejado así por accidente. O quizá no. Hay decisiones pequeñas que parecen casuales porque todavía no estamos listos para reconocerlas como decisiones. Su mano se movió hacia...